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03/05/2007
Etapa del GR92, entre Coll de Can Bordoi y Montcada
Del realismo de un camino exigente a la magia de una reunión gastronómica y literaria
Grmana y GRmano
Tengo una pregunta para usted:
Después de los dos años que se le han dejado para leer (o releer) la primera entrega literaria de GRMANIA, El Quijote, ¿se atrevería usted a enfrentarse con las siguientes líneas de uno de los principios más famosos de una obra maestra de la literatura: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”? He aquí el realismo mágico en la historia de seis generaciones de los Buendía, del inventor de un remedio para tener buena memoria (la bebida del gitano Melquíades que ya falta nos hace) que trajo a Macondo el imán, la lupa o el hielo. El principio y el fin de un pueblo y esa soledad que, ni de lejos, quiere para GRAMANIA nuestro jefe de personal, el cual proclamó esa máxima que bien podría figurar en el frontispicio de nuestras mentes senderistas: “Amb GRMANIA mai patirem cent anys de soledad”. 30 millones de ejemplares vendidos, publicado en 35 lenguas desde hace 40 años por un autor que ahora tiene 80 y que hace 25 años que recibió el Premio Nobel de Literatura, enfundado en la guayabera de su lugar natal. Qué le voy a explicar a usted que no demuestre mi pedantería. Par saber más y mucho mejor, consulten con Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Víctor García de la Concha y Claudio Gullén (en la introducción del libro). Y disculpas para quien, cautivador de damas, esperaba el Kamasutra con imágenes creíbles, algo que se deja para prácticas o intentos íntimos. Y una próxima pista, más adelante, que orienta en dónde dicen que se inspiró el autor para comenzar el libro así. Y otra frase de cosecha propia que imita mal al libro y recoge el acto fundacional de GRMANIA. Todo y más, a continuación.
Casi “pleno al quince”
Casi. Por poco no se pasó a los anales de la ocupación total. 36 personas se enfrentaban a esa realidad sólo conocida por unos puntos en el GPS y por unas hojas que trasladan al papel aquello que uno sufrirá en su cuerpo. Una etapa exigente, muy llena de “colls”, que se extendía por un litoral con buenas vistas pero difuminadas por la persistente niebla, que discurría por las crestas de la conurbanización metropolitana y que acababa con la reunión gastronómica y literaria, en un lugar a la sombra y sentados como nuestras posaderas se merecen. Más de 28 km, 960 metros de desnivel y una fortaleza quye ya se entrena para el GR 1. Nada más empezar, el camino se inició con un amago de subida y el suspiro en voz alta de quien hacía tiempo que no venía y que caminó ayudado por dos bastones: “Ya empezamos a j…” Ése era el aperitivo para el buffet libre que vendría después, un tobogán con abundantes subidas y bajadas y muy variadas sorpresas de tipo sólido, líquido, gaseoso, humano y vegetal.
Sorpresas sólidas
La principal, la orografía de un terreno exigente el cual, de tan sólido que era, dejó huellas e hizo chirriar algunos engranajes de las rodillas y fue causante de agujetas varias el día después. La ventaja es que ya hay operaciones que, si sus resultados son como los de la recién operada del menisco que iba en la primera línea, podemos caminar tranquilos. Sin embargo, hubo una rodilla en especial que se resintió más de la cuenta y, cuando quedaban pocos kilómetros para el final, casi a la sombra del hospital de Can Ruti, se produjo un movimiento de solidaridad encomiable. Nuestro ilustre rapsoda estuvo bien acompañado en el tramo final, todos muy motorizados. Incluso al final se enorgullecían de haber acabado la etapa en un bar “por prescripción facultativa”: fue uno de nuestros médicos el que les “recetó” una cerveza en el bar más próximo, tratamiento que siguieron al pie de la letra. El terreno, por otra parte, tensó los reflejos, al transcurrir parte del camino por tramos encajonados, profundas hendiduras configuradas por el agua y por los neumáticos de aventureros urbanos con motos de cross. También los dólmenes y restos ibéricos mostraron una solidez verificada por el transcurso de los años y aún siguen en pie.
Sorpresas humanas
Además de la compañía habitual del grupo, sin atisbos de soledad, el buen tiempo parecía que animaba al paseo o a hacer ganas de comer moviéndose, o a justificar la mañana de algún modo o vaya usted a saber por qué uno sale de casa y vaga por esos parques naturales o zonas protegidas a aquellas horas del día. Muchas bicicletas de montaña, muchos maillots con mil y una inscripciones, ciclistas vestidos al uso y con ganas de devorar kilómetros. También, por supuesto, esos quads que tanto se venden ahora y los habituales coches que dejan ese rastro de polvo que, cuando se junta con el sudor que discurre por tu cuerpo, produce una extraña mezcla que después tiñe el agua de la ducha de colores variados. Y personas caminando, muchas más que nunca: en la ermita de Sant Mateu, en la Conrería, por Can Ruti y por el poblado ibérico de Montcada. De todos modos, la sorpresa humana más importante fueron esos cuerpos bien curtidos a lo largo de la temporada, con un aguante y ritmo en progresivo aumento, una consecuencia más del espíritu de GRMANIA. Sin embargo, entre el sector femenino suscitó más exclamación de deseo contenido la imagen de un anuncio del torso desnudo de un bello Adonis que decoraba un anuncio en una furgoneta. “Magic Body” decía el lema de tan insinuante imagen, a la que paseaban por una calle detrás del hospital de Badalona.
Sorpresas líquidas
El sofocante calor provocó un creciente consumo de líquidos, muy bien repuestos en oportunas fuentes públicas, colocadas estratégicamente cerca de zonas de ámbito religioso. Por ejemplo esa fuente en la Conrería, dentro de ese recinto que, en otro tiempo, colmó la sed espiritual de dos ilustres GRmanos en su etapa de joven formación. O aquella otra detrás del recinto monacal de Sant Jeroni de Murtra, encima de Badalona. Con aires más laicos, también se veían esos grandes depósitos que acumulan agua para los bomberos, una sana insinuación a bañarse en medio de tanto calor. Y qué decir de líquidos de otros colores como las rieras que eran afluentes del río Besós, ya cerca del final de etapa. Agua de colores y olores diversos, una secuela más de este montaje de civilización en el que vivimos.
Sorpresas gaseosas
Para qué nos vamos a engañar. No es realismo mágico, es la más cruda realidad. Los malos olores, los excrementos, las aguas residuales también van unidas a la vida. Nos guste o no, Montcada te familiariza con los desechos, con el olor que desprenden y aporta un toque de optimismo cuando se ve la depuradora como tabla salvadora de males mayores.
Sorpresas vegetales
La primavera está que se sale. Y no es por esas conversaciones más o menos subidas de tono. Eran muchas las flores, el verde ya fortalecido, los campos en los que despuntaban las primeras amapolas, esas hojas que estrenaban las verdes tonalidades en los árboles que volvían a vestirse. Llamó la atención la repoblación de viñas en la zona de Alella, buena señal de que su fruto transformado se aprecia y se bebe. Al tacto también le sorprendieron la cantidad de plantas, pinchos, zarzas, espinos que nos hacían reverencias a ambos lados de estrechos caminos, nos acariciaban los sentidos y obligaban a dejar una prudente distancia de seguridad, para evitar el efecto latigazo de esas ramas que cimbrea la persona que va delante. También, variados cultivos, algunos de los cuales pusieron a prueba el bagaje de cultura agrícola de la mayoría, y eso que más de uno hemos sido desertores del arado y, quizá allí es de donde nunca debíamos haber salido. “¿Qué planta puede ser ésa? “Para mí son hierbas, hierbajos, plantas o vegetales” (al final alguien precisó que eran habas). De momento no hemos llegado a confundir un campo de trigo con una enorme pradera o con un campo de golf. Menos mal.
Los vericuetos del camino en forma de “colls”
Los pequeños puertos y su altitud evidenciaban el esfuerzo acumulado. El coll inicial a 315 metros nos recibió para presentarnos a Can Bordoi, a la Torrassa del Moro a 413 metros. Otro coll, el de Parpers, 295 metros, después el de Sant Bartomeu a 385, luego Sant Mateu con su ermita a 488. ¿Vais imaginando la curva de nivel y sus oscilaciones? ¿Más colls? El de Font de Cera a 270, el de Galzeran a 410, el de MOntalegre y su Seminario de la Conrería a 295 metros. Aún quedan más pero, a la bajada, ante los caminantes se le mostraba el hospital Germans Trias i Pujol, Can Ruti de Badalona. Precisamente aquí es donde la rodilla de nuestro querido poeta debió oler a hospital y dijo ¡basta! Con el inmediato movimiento de solidaridad hacia el autobús.
11 años atrás
Detrás del centro curativo se iniciaba el espacio protegido del Torrent de l’Amigó . Un buen lugar para descifrar una inspiración y para proponer otra. Del maestro García Márquez sus estudiosos dicen que, para escribir la frase inicial del libro regalado, se inspiró en la siguiente frase que, años antes, escribió Juan Rulfo en su obra maestra “Pedro Páramo”: “El padre Rentaría se acordaría muchos años después de la noche en que la dureza de su cama lo tuvo despierto y después lo obligó a salir”.En este tramo del camino nuestro coordinador general se fijó en una vieja y desapercibida casa que podría dar lugar a la siguiente frase pirata, imitando a los maestros anteriores: “El coordinador de GRMANIA, tal día como hoy, al paso por la masía Can Barbeta, del año 1683, recordaría que, once años atrás, el grupo dio sus primeros pasos en un lugar de parecido nombre del GR 5, a las afueras de Sitges, llamado Mas d’En Barbeta”.Los colls y otros monumentos no acabaron aquí. Aún quedaba el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona, el coll de les Ermites y, al fondo allá arriba, los restos ibéricos de un poblado en Montcada. Ya al final, el río Besós, a 32 metros, reagrupó al sector solidario con el poeta, que había tomado la cerveza, con quienes venían deseosos de catar su espuma. Del encuentro gastronómico y literario, uno sólo puede hablar sólo de oídas. Por lo tanto, mejor callarse.
Aunque sí quiere recordar aquí la frase del escritor Emili Teixidor que publicó el pasado domingo el diario EL PUNT en la portada:
“Llegir dóna valor al temps” EvaristoTerrassa,
24 de abril de 2007 http://afondonatural.blogia.com
10/05/2007
Etapa del GR92, entre Montcada y Santa Creu d’Olorda
Collserola: al fondo, coches; al lado, pájaros y bicicletas
GRmanos y GRmanas,
“No daba un duro por esta etapa”, he ahí una frase dicha en voz alta por una notable GRmana y pensada por más personas. Estábamnos ahí al lado, rodeados por un gentío impresionante, por innumerables edificios y casi casi el “som sis milions” estaban todos allí abajo: en los dos Vallès, Barcelonés, Maresme, Baix Llobregat, Bages, Anoia, etc. Mucho mundo se veía desde este recorrido. Tal frase fue oída en medio de un frondoso bosque, con flores a ambos lados del camino, robles centenarios, helechos y mucha vegetación. Una postal que, descontextualizada, podría pertenecer a zonas húmedas de sitios situados a mucha distancia. Pero no. Todo estaba allí, soportando humildemente una soledad bien acompañada de bicicletas. Muchas bicicletas que se convertían en un susto cuando aparecían en cualquier curva. Pero sin problemas de convivencia.
En medio del cemento
Allí en medio, debajo de una de tantas autopistas como cuartean Montcada, descargó el autocar a una diezmada tropa de caminantes. 40 plazas para 26 senderistas que anduvieron 25 kilómetros, desde las 7 de la mañana hasta las 13 horas. Sí, historia pura en GRMANIA: la primera etapa que, saliendo en autocar de Terrassa, se empieza a esta temprana hora. Por hitos para nuestro particular libro Guiness que no quede. Más adelante, más récords. Si de referencias peculiares se trata, más hubo. Por ejemplo, ¿a quién se le ocurre hacerse un chequeo de las ancas andarinas después de la anterior etapa de 29 km? Pues alguien fue a los típicos y profesionales toqueteos y resonancias médicas del tobillo. Y allí salieron los efectos colaterales de los huesos puestos a prueba previamente. Los resultados fueron disparatados. Pero vino a la etapa. Igual que otra GRmana, que acudió rauda y veloz aunque tarde a la cita. Estaba justificada su impuntualidad: tuvo que visitar al Sr. Roca varias veces antes de salir y en su mochila parecían figurar varios rollos higiénicos. O aquella otra GRMANA que manifestó haber quedado “cruixida” después de la anterior etapa, que se ve que progresa muy adecuadamente. También, por supuesto, justificaron su ausencia caminantes que se reponen para empresas posteriores. Desearles buenos arreglos y más ilusión.Pronto dejamos el cemento para ascender y ver desde arriba lo que habitualmente vemos desde abajo. Una primavera tan lluviosa da muchas agradables sorpresas, algunas a nuestros pies, otras más arriba. El Parc de Collserola es ese pulmón que aún los humos, las diversas poluciones y las otras presiones no le afectan. Esta montaña está llena de sorpresas, tanto mirándola hacia arriba como, en las alturas, entornando la vista hacia la inmensidad del cemento. Muchas fuentes, aunque algunas sólo conservaban el nombre. Otras te regalaban el agua. Curiosos nombres como el de Font de la Mitja Costa.
Pronto, parada gastronómica
Bueno, no tan pronto aunque pocas veces antes de las 10 horas se agitan las interioridades y solicitan sólidos condumios. Antes hubo que ganárselos con más subidas, bajadas, ceder el paso a las bicicletas o al revés, ver a deportistas de todas las edades que se entretenían en ascensos y descensos a aquellas horas, que aparecían los mismos en puntos distintos, observar casas con la herrumbre del abandono, algunas cabañas despistadas con sospechosas señales del placer del momento, copas de árboles muy arriba y atalayas conocidas que delatan dónde estamos. El Tibidabo, el cementerio de Collserola o la torre de ídem identifican la zona. Y tanta masa arbórea contrasta con las vistas panorámicas que te permiten ver muchas comarcas con un simple giro del cuello. La vista cabalga de una a otra y la memoria( o lo que queda de ella) juega a ese entretenimiento de identificación de las poblaciones, a distinguir el velódromo de Horta, esa forma tan sospechosa de Jean Nouvel (la torre Agbar), rondas, barrios, el mar, la vida que discurre allá abajo mientras nosotros, aquí arriba, podemos disfrutar con el sonido de los pájaros, con el verde y con el sexto sentido para la captación de la siguiente bicicleta. Con tanta práctica, a comer se ha dicho.
La parada, ya
Como dijo el coordinador general de esta cofradía andarina, otro hito para la historia. Por primera vez GRMANIA es Okupa. El oasis no era un espejismo. En medio del bosque el grupo se detuvo ante unas sillas que pertenecían a Juaco. De plástico, bastante limpias, con mesas a su alrededor, vacías, allí estaban a disposición del grupo. Pertenecían al Asador Can Juaco, se cogieron prestadas para la ocasión y, al final, todo quedó casi mejor que estaba. Tanta inusual comodidad propició que la imaginación formara un paraíso deseado. Como Juaco aún no había abierto, se echaba en falta la cerveza y los cafés, como mínimo. Hubo que conformarse con conversaciones y con las botas. Hablar por hablar. De entra el repaso habitual a casi todos los temas habidos y por haber, mientras el mundo queda arreglado en cada etapa, las elucubraciones formularon una posible pregunta al futuro miembro de GRMANIA, casi ya con sus posaderas en sede parlamentaria o municipal: ¿Qué hay de lo nuestro? Allí se decía que un buen tema podría ser la demanda de un pequeño local para reuniones y eventos varios. Quienes aspiraban a tanto solicitaban que, caso de que lo nuestro algún día fuera real, lo primero en instalar sería un buen grifo con cerveza de barril y jarras del tipo hincha inglés. Debía de ser un espejismo de lo que en aquel momento no teníamos. La realidad es que seguiremos en sede virtual porque tal GRMANO nunca haría esto “por ética y por estética” (Diario de Terrassa dixit).Más bien nos haría “pedagogía de la convivencia” (sin cerveza). Y los okupas desokuparon el lugar, no sin antes dar cuenta de otro hecho para los anales.
El brillo del acero
El acero comienza a brillar. De hecho, ya se ha visto alguna cheira, albaceteña o pallaresa (navaja) pelando fruta. Quien la trae la usa, la guarda y no hace ostentación. No obstante, en esta etapa hubo acero que fue muy enseñado y presumido. Quien lo llevaba lo acariciaba, lo sacaba y certificaba que había sido importado de Argentina. Pero no sólo eso. Ocupaba el primer puesto de la marcha y, cuando veía que alguien quería pasarle, parecía como que daba a entender que buscaba muescas para la empuñadura. Aunque todo quedó en una figura retórica para gracejo general, como no podía ser menos. Y como de la Pampa se trata, nuestro hombre de teatros varios dejó sobre la mesa la voluntaria participación en banquetes carnívoros preparados por nativos. Y como de otras máquinas también se hablaba, nuestro coordinador general informó de que se dispone de unos instrumentos para “cazar al cazador”, o sea, walki talkies que detectan las transmisiones de los tiroteadores de animales y alguna vez también de excursionistas.
Ocupados en caminar
En caminar para establecer otro récord: llegar a las 13 horas al punto de destino. El dilema: o estar o marcharse el autobús, he ahí la cuestión. Y estuvimos con bastante puntualidad. Pero antes pasamos y vimos todo lo posible: la ermita de Sant Iscle de les Freixes, en una finca privada; muchos puntos altos o turons como el de Valdaura, el coll de Maltall o de la Margarola, y desniveles que parecía que sí existían. De los 40 metros de Montcada hasta el Coll de Vinyassa a 480 metros, subidas y bajadas que aumentaban los desniveles acumulados en una etapa por la que no se daba un duro (o algún céntimo de euro, ahora en estos “tiempos modernos”). Un recorrido que también tocó poblaciones de postín, núcleos residenciales burgueses en Vallvidrera (230 metros) chalets, torres, urbanizaciones, quintas, paradas de ferrocarriles y aires de “rico en la naturaleza pero muy cerca de Barcelona”. Enfrente de la estación, la historia, una casa, un museo y una sede de un parque natural. Un monumento a Jacint Verdaguer en forma de libro con una peana que decía: “La poesia és un aucellque fa soviet volades a la terra” (Jacint Verdaguer) Y, enfrente, la casa-museo en donde murió el cura nacido en Folgueroles. Y, cerca, muchos coches oficiales aparcados. Por supuesto, debían ser de funcionarios del Parc de Collserola. De quién, sino. ¿Qué si había subidas? Pues ahí va la del collet de Can Sauró, a 400m.. Más arriba, Turons de Can Pasqual, a 470. Y, más adelante, a las 13 horas, otro récord, el final en Santa Creu d’Olorda, a 380 metros. Aquí, parada y no fonda. Un buen sitio muy ambientado por olores a la brasa, una ermita y, por allí debe andar la “Pedrera dels Ocells”, y paseantes que debían refocilarse con olores y sabores varios. Nosotros y nosotras, al autocar. La jornada económica acabó aquí, con paisajes, deporte, lugares abarrotados, otros aún vacíos de edificios y disfrute en una hermosa etapa aquí al lado.
Como decía John Steinbech:
“La gente es también el lugar donde vive”
Terrassa, 9 de mayo de 2007